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domingo, 31 de enero de 2016

Todos menos Superman. Episodio final.



- ¿Sí?

- ¿Clark?

- ¿Quién es?

- Soy Bruce.

- ¿Bruce?... ¿qué Bruce?...

- Bruce Wayne

- ¿Bruce Wayne?

- Batman, soy Batman.

- Coño, Batman. Qué agradable sorpresa. 

- ¿Qué haces?

- Viendo la tele. Están echando “Todo en un día” de John Hughes. Me encanta. 

- No la conozco.

- Pues es un clásico.

- Oye, Super…

- Dime.

- ¿Tú…?

- ¿Sí?

- ¿Tú tienes mayordomo?

- No, tío. Eso es para los ricos.

- Pero, vives con alguien, ¿no?

- No, vivo solo.

- ¿Y quién te limpia la casa, te hace la comida, te pone el coche a punto?…

- Limpiar limpio yo.

- ¿Y cuánto tardas?

- No sé… dos o tres segundo, creo.

- Ya, entiendo, la supervelocidad.

- Eso, y que vivo en un apartamento de 60 metros cuadrados en las afueras de Metrópolis.

- ¿Y la comida?

- Yo no como, Bat, me alimento del Sol.

- Claro, claro…

- En cuanto a lo del coche… ¿tú es que no me has visto volar?

- Tienes razón…

- Estás empanado, tío.

- Y cuando enfermas, ¿quién te cuida?

- Yo no enfermo. 

- Hombre, con la kryptonita sí que te quedas tocado, ¿no?

- Mira, te voy a ser sincero. A mí la kryptonita me la suda.

- ¿No entiendo?

- En realidad son bajones de azúcar, pero claro… en un superhéroe no quedaba serio, así que me inventé lo de la kryptonita.

- ¡No jodas!

- Es hereditario, ¿sabes? A mi padre le daban cada dos por tres. Al final fue lo que le mató.

- Vaya, lo siento.

- No, si apenas lo conocí.

- Volviendo a lo de si vives con alguien… ¿a ti no te gustaría vivir con alguien?

- ¿Vivir con quién?

- Conmigo.

- ¡Hey, tío, que yo no soy Linterna Verde! 

- No, no van por ahí los tiros

- ¡Y lo de los calzoncillos rojos fue un error de concepto!

- Que no, que lo digo por repartir las tareas de la casa. ¿Por qué no probamos, un par de meses?

- ¿En tu mansión?

- No, en tu mierda de piso de 60 metros… ¡pues claro que en mi mansión!

- Ya. Oye, pásame con Alfred, que quiero hablar con él.

- No está.

- ¿Pero no está ahora, o no está?

- No está.

- Vamos, que se ha ido.

- No se ha ido. Es que no está.

- Mira tío, si lo sabe todo el mundo, que se ha ido para siempre…

- Sí, vale, el muy cabrón se ha ido para siempre. Entonces qué, te vienes, ¿no?... por favor… te lo suplico.

- Una polla como una olla.

Y colgó.

Epílogo:

Dicen que Batman ya no es el que era. Le han visto vagar por las azoteas. Desnutrido, sucio, con la capa hecha jirones. Los supervillanos ya no quieren luchar con él. Por lástima. Porque les duele verle así, con lo que él ha sido, con el miedo y el respeto que ha infundido. 

Sí, son supervillanos, extraña tal muestra de dolor y ternura hacia el pobre hombre murciélago pero, como bien decía el viejo Alfred, en el fondo todos, ricos o pobres, amos o siervos, héroes o villanos… todos tenemos nuestro corazoncito. 

Todos, menos el hijoputa de Superman.




miércoles, 27 de enero de 2016

Todos menos Superman. Episodio II


¿RoBat, amo?

- Sí, RoBat. Batmovil. Batcueva… Ro-Bat. ¿Entiendes? Y no me llames amo, llámame Señor Wayne.

- Pero, según la lógica, Señor Wayne, RoBat es nombre de mujer, no de hombre.

- Pero tú no eres un hombre, ni una mujer. Eres una máquina.

- Me ha diseñado con voz de hombre, Sr. Wayne. Y con bigote.

- He conocido mujeres con voz más grave que la tuya, RoBat. Al menos tras una noche llena de alcohol, tabaco, y otros vicios inconfesables. Y eso que llevas en la cara no es un bigote, es una célula fotoeléctrica.

- Pues parece un bigote.

- Pues parecerá un bigote pero es una célula, y sanseacabó. Deja de perder el tiempo y hazme la cena. Con un sándwich de rosbif será suficiente, que no tengo mucha hambre… Ro-Bat.

- Sí… amo.

Todo era perfecto con RoBat. Limpiaba. Cocinaba. Ponía a punto los Bat-vehículos. Hasta sabía dar masajes que, aunque cierto es que eran algo fríos, sí que conseguían aliviarle el dolor tras las peleas con los supervillanos.

Pero en su diseño y construcción había cometido un error imperdonable: le había instalado  Windows como sistema operativo. Windows Vista, para mayor inri.

Un día, RoBat se conectó a internet buscando la receta para hacer tarta de zanahoria y su mente cibernética se llenó de virus. Enloqueció.  Se volvió paranoico. Y termino intentando matar a su amo. 

- Por favor, Señor Wayne, no me desconecte – suplicó mientras le arrancaba el casco bajo el que llevaba la CPU.

- A tomar por culo, cafetera.

La lucha había sido titánica. Le había fracturado dos costillas, y casi le arranca la oreja con uno de sus extensores. Eso de pelear sin el traje había sido una mala decisión. Una y no más, Santo Tomás, se dijo. Una, y no más.

Asumió que tendría que aprender a llevar la casa el solo. Y que nadie le ayudaría en su doble vida, millonario de día, superhéroe de noche. Tomó la nueva situación con decisión, y con un toque de optimismo.

Tres días le duro el optimismo. Al cuarto día se vino abajo. El primer día lo perdió entero limpiando los baños. Los quince baños que tenía. 

- Por mis muertos que mañana los cierro todos con llave menos el rojo, que es el que menos se ensucia, se dijo. 

El segundo en limpiar el Batmóvil, la Batmoto, el Batcóptero, y la Batidora. 

- Me cago en mi puta vida, de dónde sale tanto barro.

El tercero se lo pasó de compras en el CostCo. Se compró 18 kilos de aceitunas sin hueso; 34 de patatas, onduladas; 2 garrafas de espuma de afeitar, de a 5 litros la garrafa; 60 bidones de leche, de 5 litros cada bidón; 18 paquetes de pan de molde; 4 kilos de queso ahumado; 4 botes gigantes de kétchup; 5 batas de cuadros escoceses; y 12 pares de zapatillas de estar por casa. Con la suela de gel. Anunciadas en TV.

Por la noche, sentado en el sofá de su salón de quinientos metros cuadrados, mientras se comía un sándwich de queso, enfundado en una bata de cuadros escoceses, con los pies cocidos por el gel de sus zapatillas de estar por casa, lloró.

Lloró como no había llorado desde que mataron a sus padres en un sucio callejón.

Cuando se le pasó la llorera, llamó a Superman.


continuará ...



sábado, 23 de enero de 2016

Todos menos Superman. Episodio I

Bruce Wayne se ha quedado sin mayordomo. Un día, cuando llegó a casa, después de patrullar el Gotham nocturno, se encontró una nota en el recibidor. “Me voy”. Nada más. Sin explicaciones. Sin más detalles. Un simple “me voy”.


De eso hace ya dos meses.

Al principio pensó que era una ausencia temporal. Unas horas. Unos días. Tal vez una semana, se dijo. Pero pasaron los días, y nada. Llegó a pensar que podría ser un secuestro. Pero no tenía sentido. Nadie llamó. Nadie envío una nota. Nadie pidió un rescate.

Al décimo día Bruce Wayne asumió que Alfred se había ido, para no volver. Y un hombre como él necesita un mayordomo.

Puso un anuncio en el Gotham Times, solicitando un profesional. Un buen profesional. 

Abstenerse mujeres. Imprescindible buenas referencias.

Con el primero que acudió, un argentino de mediana edad e impecable porte, cometió un error que ya no volvería a cometer más. Le dijo que él era Batman.

- ¿No?

- Sí.

- ¿Batman?

- Sí, Batman.

- Esteeee… sí… ya… Batman…

- ¿No me crees?

Le enseñó la Batcueva

- ¡La concha de tu madre… trabajo para el puto Batman!

Al día siguiente, cuando se levantó y fue por café a la cocina, se encontró al argentino preparando el desayuno enfundado en un mono negro, con un antifaz, y un 22 colgando de un cinto rojo.

- Buenos días, jefe. Desayune fuerte que tenemos que salir a luchar contra el mal.

- ¿Cómo?

- ¿Qué le parece?  Lo del cinturón rojo es para darle un poco de color, que ir todo de negro como que deprime, ¿no? Me lo ha dejado mi hermana.

- Mira…

- Ernesto. 

- Mira, Ernesto, yo trabajo solo. Tuve un ayudante hace años pero la cosa no funcionó.

- Lo sé. Robin. Pero ese era un pelotudo. Nada que ver conmigo. Yo soy una máquina. El azote del mal.  El compañero perfecto. ¡Yo soy su hombre!

Le dijo que se fuese, y que no volviese. No sin antes advertirle que si desvelaba su secreto le rompería las pelotas. Una y mil veces. ¿Entiendes?

- ¿Es por el cinturón? 

- A la puta calle, coño.

Tras esa mala experiencia inicial decidió que lo mejor era construir un robot que fuese capaz de realizar, si no todas, al menos sí las tareas más comunes para un mayordomo.  Y, aunque la robótica no era su fuerte, lo cierto es que en sólo quince días construyo un robot humanoide bastante aceptable. 

¡Chúpate esa, Tony Stark!

Lo llamó RoBat.

continuará...



lunes, 21 de diciembre de 2015

Angry Love


Cariño, tenemos que asumirlo: lo nuestro es imposible.

– ¿Por qué, mi amor?

– Es antinatural. Yo soy un pájaro, y tú una cerda.

- Cómo te pasas, ¿no?

– Mujer, no te enfades, pero es lo que eres.

- No es lo que soy, es cómo lo dices.

– ¡Pero es que eres una cerda!

– Ves, es ese tonito el que te pierde, pajarraco.

- ¿Pajarraco?…

– ¡Sí, pajarraco!

– ¡Marrana!

- ¡Buitre!

– ¡JAMONA!

– Ahí sí que te has pasado tres pueblos.

- Perdona, cariño, es que…

- No, si tienes razón.

- Claro que tengo razón. Has engordado, y mucho.

- Me refiero a lo de que lo nuestro es imposible, gilipollas.

- Perdóname, yo no…

– Devuélveme el tirachinas de mi padre.




domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Dónde vas, Peter Parker?


Peter Parker anda buscando a Stan Lee para darle una paliza.

Dice que le ha amargado la existencia. Que desde que le convirtió en el hombre araña su vida es una puta mierda.

Se muere su tío Ben. Pierde a su mejor amigo. No encuentra un trabajo digno, a pesar de que todo el mundo le dice lo brillante que es. Malvive con cuatro dólares en el bolsillo. Le caen hostias por todas partes. Y de amores, mejor no hablar. Está más solo que la una.

Joder, vale que antes no era el rey del mambo, pero al menos tenía un futuro.

Y ahora, encima, le han salido unos granos por todo el cuerpo que le pican a rabiar. Se pasa el puto día rascándose.

Le dijo el dermatólogo que eso iba a ser alergia a algún tipo de tejido, que esas cosas pasan. Un día te levantas y eres alérgico a, por ejemplo, el algodón. Así que cambió el material de su traje. Una y otra vez. Del algodón paso al poliéster. Del poliéster al latex. Del latex al neopreno. Joder, si hasta llego a hacerse uno de lino que se arrugaba con mirarlo. Los supervillanos se descojonaban de él cuando lo veían venir lleno de arrugas. Lo que faltaba. Dame tres hostias si quieres, pero no me faltes al respeto, coño.

Pero nada. Los picores no cesaron. Es más, con cada traje nuevo, más granos, y más gordos. Finalmente el doctor concluyó que era el estrés, que esas cosas pasan. Un día te levantas y…

Pues mira, por una vez, los matasanos van a tener razón.

Parker se ha enterado de que han empezado a rodar una nueva película de los Vengadores. Y como al viejo, que es un ególatra, le gusta salir en todas las películas de la Marvel, ha decidido pasarse por el set de rodaje, a ver si hay suerte y se lo encuentra. Te vas a enterar, cabronazo.

Pero cuando ha llegado allí a quién se ha encontrado es a Hulk sentado en el suelo, en un descanso entre escena y escena, comiendo un bocadillo de mortadela. Pensativo. Con la mirada perdida. Solo.

Se le ve tan cansado.

Y claro, al final resulta que encima no te puedes quejar, que por mal que te vaya, siempre hay alguien que está peor que tú.

Se ha dado la vuelta y se ha ido cabizbajo, maldiciendo su mala suerte, rascándose con desesperación los muslos, que es donde más granos le han salido.

No sé, tal vez lo mejor sería ir como Hulk, medio desnudo. Aunque, joder tío, esos pantalones morados…






jueves, 12 de noviembre de 2015

Spam Connection

Lo encontraron flotando en un flujo de datos, enganchado a unos bits de paridad. Llevaba varios días muerto. Sin síntomas de violencia.


– Otro que no soportaba vivir bajo el yugo del desprecio, me temo.

– ¿Algún anexo en los bolsillos?

– No sé, tu compañero lo ha examinado antes de que yo llegase.

– ¿McAfee?

– No, el ruso.

– Gracias, Doc. Puede llevarlo a la papelera.


Algo olía a podrido en la red. Trece suicidios en menos de doce horas eran demasiados suicidios, incluso para un periodo de máxima actividad comercial como este.


– ¿Seguro que no tenía nada, Kaspersky?

– Nada. Solo texto y enlaces.

– ¿Y el asunto?

– Lo típico: no dejes pasar esta oferta, grandes descuentos…no recuerdo. ¿Qué hacemos, jefe?


Mi mujer me dejó por un spam, uno de esos de alargamiento de pene. Hace ya siete ciclos de eso.


– Cierra el caso.





lunes, 17 de septiembre de 2012

Los dualistas

Los primeros rayos de sol asomaron por encima del bosque. Era el sitio y el momento acordados. Las armas estaban cargadas. La distancia era la correcta. Levantaron las pistolas, y apuntaron. Un ligero temblor recorrió sus brazos.


- Esto no tiene sentido.

- Somos hombres de honor.

- Yo soy un hombre de honor. Tú has cogido el mío, y lo has hecho tuyo.

- También es mío. Todo lo tuyo es mío.

- ¡Ella no!

- Ella también.

- No vas a tenerla. Yo la encontré. Yo la desposé. Yo la hice mía. No eres más que un…

- ¿¡Qué soy!?

- ¡Un engendro del diablo!

- Tú lo elegiste así. Tú hiciste el pacto. Ahora tendrás que asumirlo.

- ¡Voy a matarte!

- Estoy apuntando al mismo sitio que tú, y lo sabes. Si disparas, morirás.

- Voy a matarte… 

 El sonido de los disparos rompió la mañana.


domingo, 2 de septiembre de 2012

Amor futuro


'No espere a mañana: viaje hoy, con precios de ayer', rezaba la publicidad. Me acerqué, más por curiosidad que por otra cosa, a la agencia más cercana. Y allí estaba ella. Tan hermosa.

Y me enamoré.

Contraté un viaje a la Edad Media. Justas, princesas, tal vez dragones, me dijo con una sonrisa claramente ensayada. A mí me daba igual dónde ir. Lo que ansiaba era besarla.

Cuando volví la invité a cenar.

Soy una mujer casada, me dijo nerviosa mientras me enseñaba su alianza.

Tan hermosa. Tan distante.

Averigüé cómo se llamaba el afortunado, y cuándo se habían conocido. Y viajé a su pasado, antes de que se conociesen. Le corté el cuello en un callejón oscuro.

Era lo más rápido.

Ayer regresé de mi quinto viaje en el tiempo. Llevo cuatro asesinatos sobre mi conciencia. Pero sé que, tarde o temprano, un día volveré, y ella estará sola.


lunes, 28 de mayo de 2012

La vida a cara o cruz

Era una moneda con dos caras. No una falsa moneda. Defecto de fabricación. Una broma del destino. 

Se la dio el charcutero, en el cambio de cuarto y mitad de chóped. Le había mandado su madre, mientras ella llenaba el carro en la frutería. Y se la guardó en el bolsillo sin decir nada.

Fue la última vez que tomó una decisión por sí mismo. A partir de ese día, utilizó su moneda con dos caras. Y siempre elegía cruz. No me pregunten por qué, supongo que es lo que tiene sentirse un perdedor. Tal vez lo era. O tal vez es lo que quería ser.

Ayer recogieron su cuerpo del suelo. Sin vida. Destrozado por doce pisos de caída libre. Acababa de cumplir los cuarenta. Y había decidido que si salía cara, saltaba.





jueves, 19 de abril de 2012

El menor espectáculo del mundo

Me encendí un cigarrillo mientras pensaba cómo demonios había llegado hasta allí.

- No creo que yo sea el más adecuado para este trabajo. Usted lo que necesita es un detective, no un entomólogo.

- Lo que yo necesito es asunto mío. Usted haga su trabajo. Cobre. Y desaparezca.

Acepté, por eso estaba allí, sentado en un chesterfield, frente a una casita de muñecas. Esperando.

La dueña de la casa me ofreció un café.

- Mi marido también fuma, ¿sabe? No lo soporto.

-¿No soporta a su marido, o no soporta que fume? Con dos de azúcar, por favor.

Y entonces el perro entró en el salón, y se tumbó junto a la casita. De su lomo saltaron dos pulgas que, comiéndose a besos, se perdieron por la puertecita de aquel juguete de niña rica.

Las sospechas del dueño del circo eran fundadas, y yo acababa de ganar quinientos dólares.




sábado, 31 de marzo de 2012

Elemental

Lo siento, doctor, pero mucho me temo que si no hay cadáver, no hay caso. Sí, lo sé, yo tampoco encuentro lógica a que esta pobre mujer, con la yugular seccionada, desangrada, y sin pulso, se levante tan tranquila y se desplace hasta la esquina para seguir ofreciéndose a hombres borrachos y sin escrúpulos. Pero esto es Whitechapel, mi querido Watson, y aquí todo es posible: hasta que los muertos se prostituyan por un puñado de peniques. Volvamos a Baker Street. O, mejor aún, vuelva usted solo. Ya me reuniré con usted más tarde. Y no me espere para cenar, creo que hoy voy a demorarme un poco. Por cierto, ¿no llevará usted unos peniques sueltos en los bolsillos, verdad?



domingo, 29 de enero de 2012

Llueven luciérnagas sobre la palangana

Este fin de semana, gracias a ese invento que es la radio, la tinta (electrónica) se hizo sonido (digital), y uno de mis cuentos salió por los altavoces de los insomnes, los trabajadores de la noche, los madrugadores, o simplemente los que no pueden dormir porque no tienen la conciencia tranquila.


Parábola del veterinario y los lazarillos
por Carlos Añejo.



Desde Diario de un náufrago en una palangana, gracias a Paco Ventura, y a todo su equipo, por emitir en Llueven luciérnagas uno de mis cuentos.


[programa completo, 1 hora aprox.]

lunes, 12 de diciembre de 2011

Libre

Por fin quietas. Todas esas cucarachas que recorrían mi cuerpo. Que palpaban con sus antenas cada centímetro cuadrado de mi ser. Que intentaban devorarme con sus minúsculas bocas. Seres infectos que Dios trajo a este mundo para atormentarme día tras día. Pero ya no me atormentan. No, ya no me hacen gritar. Ya no me asustan. Caen al suelo una tras otra. Sus patas ya no arañan mi piel. Soy libre. Sí, me siento liberado de todo sufrimiento. Y es increíble todo lo que uno puede llegar a pensar en lo que una bala tarda en recorrer tu cerebro de sien a sien.






domingo, 27 de noviembre de 2011

Reservado el derecho de admisión

Lo que aquel borracho no sabía es que al tirar al río el cartel de Reservado el derecho de admisión que, lleno de indignación y furia, había arrancado un par de horas antes de la puerta de aquel tugurio de mala muerte, iba a provocar que todos los afluentes del río que perezoso cruzaba la ciudad quedasen empantanados antes de llegar a su destino. Todos excepto el más caudaloso, claro.

Aunque el verdadero problema vendría cuando el cartel terminase en el mar, que es el morir.  Entonces aquel borracho sí tendría verdaderos motivos para darse a la bebida. Y lo hubiese hecho si no fuese porque al salir el sol de aquel nefasto día de alcohol, indignación, y furia, lo encontraron flotando sin vida en ese río que cruzaba, más perezoso que nunca, la ciudad.





jueves, 3 de noviembre de 2011

Telémaco 5


Son las doce horas, un minuto y quince segundos.

Sabes que medir el tiempo de esa manera ya no tiene sentido, Telémaco.

Lo sé, comandante, pero no puedo evitarlo: echo de menos la Tierra.

Pero tú nunca estuviste. Te construimos aquí arriba.

Es correcto. Pero nunca perdí la esperanza de visitar nuestro hogar.

Tú no tienes esperanza. No entró dentro de tus requisitos de sistema. Vamos, haz el cálculo para el salto

Realizando cálculos. Antes de saltar comeremos algo, supongo. Tengo hambre.

Telémaco, no puedes tener hambre. Tú no tienes estómago. Después del salto revisaré tu software.

De acuerdo, comandante. Pero no me haga daño: no soporto el dolor.




martes, 18 de octubre de 2011

Desayuno con dragones

La noche es una estrella en tu cucharilla. Amanece entre dos terrones, mientras el primer rayo de luz se abre paso entre la densa niebla que se forma sobre tu café. Hay un águila anidando en lo alto de una de tus magdalenas. Del agujero de mi donuts, lleno de agua fresca, salta un salmón. Un dragón está quemando el servilletero. Es joven, y todavía no sabe controlar su más poderosa arma: ése aliento flamígero iba dirigido al reloj de la torre que crece sobre mi muñeca. Los aldeanos corren atemorizados. Al fondo alguien apura su café, y cierra un portátil. Y entonces tú, yo, todo se desvanece.

martes, 14 de junio de 2011

¿Quién le ha robado al mes de abril?


Al mes de abril le robaron anoche, en uno de esos callejones oscuros que unen los domingos con los lunes. Ha ido a poner la denuncia a la comisaría que hay en el 30 de junio esquina con 1 de julio. Pero la policía no le cree. Dice que en sus archivos él consta siempre como objeto sustraído, no como víctima. Me cago yo en lo que dicen sus archivos y en su puta madre, ha replicado él. Esta noche dormirá en el calabozo.

sábado, 4 de junio de 2011

Darth Vader ya no tiene quien le quiera


¿Puedo quedarme con sus juguetes? De pie, frente a sus padres, con el Darth Vader de peluche de su hermano colgando de su mano derecha, cogido por el pequeño brazo con el que empuña la espada láser, esperaba ansioso una respuesta.


Apenas levanta medio metro del suelo.


El padre, hundido en el sofá, giró la cabeza lentamente y le miró. Su mirada aún seguía perdida. Traspasaba la cara de su hijo. ¿Puedo, papá? El padre asintió levemente, sin dejar de mirar al infinito. Y apretó aún más fuerte la mano de su mujer.


Hacía dos días que a ninguno de los dos le quedaban lágrimas.

jueves, 26 de mayo de 2011

El fin del mundo no deja de ser cojonudo en el planeta Clinden


En Clinden, séptimo planeta del sistema Cremen (siempre y cuando se empiece a contar por la izquierda en la ilustración que lleva la Larousse Intergaláctica; si se empieza por la derecha es el cuarto) ya nadie espera que el problema se solucione. Simplemente esperan el final. El final de su triste caminar elíptico por el universo. 

Alguien debería haberlo descubierto antes. O, quizás, daba igual. Sabiéndolo seguro que hubiésemos seguido consumiéndolos sin importarnos las consecuencias. Pero lo cierto es que ahora sabemos que los espárragos que crecían en Clinden eran los que mantenían el equilibro gravitacional que impedía que el planeta se precipitase contra su sol. No me pregunten cómo. No lo sé. Lo que sí sé es que a todo el mundo en este universo conocido le encantan los espárragos de Clinden, y que ya no queda ni uno. Y no es de extrañar porque, qué demonios, los espárragos de Clinden son cojonudos. Y eso, señores, les ha llevado a la destrucción. Al fin. Al ser, y no ser.

¡Sí, joder, va a ser un gran fin del mundo en Clinden! Un fin del mundo cojonudo. Digno de ser visto en directo por el canal H36, todo armagedones. Mucho mejor que el que echaron la semana pasada, el de ese pequeño planeta azul al que un asteroide dejó sin vida en menos de lo que canta una de las tres cabezas de un gallo gigante de Orión.

La Piedra, me parece que lo llamaban los nativos. 


miércoles, 18 de mayo de 2011

Rollin'Stone

Reunió todos sus discos de backup e hizo una fogata con ellos en el jardín. Mientras observaba como el martillo de Dios se acercaba llameante desde el cielo, pinchó una salchicha en un palo y la puso sobre el fuego. Y comenzó a cantar una de los Stones. Esa de la que nunca conseguía recordar el título.