martes, 9 de septiembre de 2008
So why don’t you kill me?
El Universo es un esquizofrénico paranoide. Está convencido de que los físicos se han unido para conspirar en su contra, y delira con la idea de que su padre juega a los dados con él.
Pero ahí no queda la cosa. El Universo es también un hipocondriaco crónico. Se pasa cientos de miles de años oscultándose el cuerpo en busca de agujeros negros. Está convencido de que le están devorando, y la preocupación le crea tal ansiedad que a veces no puede ni controlar la dilatación gravitacional del tiempo.
Aunque lo peor no es eso. La esquizofrenia paranoide y la hipocondria son problemas del Universo que a nosotros, siendo sinceros, nos la trae floja. No nos afectan, o su efecto es relativo.
Lo peor son sus tendencias suicidas: para el Universo cualquier paradoja es excusa para plegarse sobre si mismo y acabar con todo.
Perdón, con TODO.
Por suerte para nosotros el Universo es un superviviente nato, y siempre que se produzca una paradoja encontrará una razón lo suficientemente válida para no plegarse sobre si mismo. Y si no la encuentra, se la inventa.
Toda una paradoja.
En cualquier caso, en este Universo nada ni nadie es perfecto, ni siquiera el Universo, así que no olviden que hoy podría ser el último día de sus vidas. Aprovechenlo al máximo y tóquense los cojones en lo que queda de día. Coman, beban, forniquen, terminen ese puzle de 20.000 piezas que llevan años intentando terminar...
El fin del mundo está cercano.
En Diario de un náufrago en una palangana no bajamos la guardia, ni la persiana (que el mundo vea lo que vemos del mundo), y vigilamos porque este sistema de auto-protección del Universo siga funcionando. El día que falle no vengan aquí para tener conocimiento del hecho. Lo sabrán porque fin del mundo llegó, y ustedes ya no existen.
Tampoco vengan para perdir responsabilidades. No habrá ningún responsable. De hecho, no habrá nadie.
Pero no se preocupen. De momento la cosa va saliendo bien. El Universo cumple.
En 2003, por ejemplo, el Universo se podía haber plegado sobre si mismo mientras Beck afirmaba que era un perdedor ante... no sé... ¿60.000? enfervorecidas personas que lo aclamaban... muchas de ellas bellas mujeres en bikini que venderían su alma al diablo por una noche de lujuria con ese chico enclenque y despeinado... y además imberbe.
Pero no fue así y ahora ustedes están comiendo, bebiendo, fornicando, o buscando el puto hueco donde encajar esa maldita pieza de su puzle.
¿No les parece increible?
viernes, 5 de septiembre de 2008
Erase una barbilla sayón y escriba

Que no, que no... que la herramienta de trabajo de un escritor no es la máquina de escribir, ni el ordenador, ni el papel y la pluma.
La herramienta de trabajo de un escritor es su barbilla.
Hay escritores de los que no se tiene ni una sola foto sentado frente a una máquina de escribir, ordenador, o folio en blanco. Pero con la mano en la barbilla... ay, amigo... con la mano en la barbilla hasta los escritores ambimancos.
Yo mismo tengo una. Eso sí, yo no la pongo en este blog porque en la foto me cuelga un moco, y me da un toque poco intelectual.
Y porque tampoco soy escritor, claro.
Ni ambimanco.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
La depresión post-vacacional del Manic Miner
Había pensado iniciar esta nueva temporada bloguera, la 2008-2009, hablando sobre algún tema profundo, como el amor, por ejemplo, pero he decidido que no, que para temas profundos ya están otros blogs, que este blog es sólo un blog para pasar el rato, un blog de andar por casa, en chanclas, con un pantalón de chándal viejo y una camiseta de promoción de alguna bebida alcohólica.
Así que empezaré la nueva temporada hablando de la televisión, que es un tema poco profundo, y más desde que se inventaron los televisores de plasma.
La televisión necesita una revolución. No una revolución tecnológica. Esa ya la tuvimos cuando se inventó la televisión en color. Esa si que fue la auténtica revolución tecnológica televisiva. Todas las que posteriormente han sido mal llamadas revoluciones tecnológicas no han sido más que vendidas de moto, gilipolleces para sacarnos los cuartos. Yo cada vez que sacan un reportaje (o publireportaje) sobre la TDT directamente me pongo el Teletexto, y me doy un paseo por ese apasionante mundo ascii mientras escucho las tonterías que cuentan sobre la TDT... ¡oh, la TDT, la revolución del siglo en el mundo de las comunicaciones!. Si es que me parto el miembro. Es como si cuando estoy navegando por internet, con mi Intel Quad Core, mi monitor panorámico de 38 pulgadas, mi teclado y mi ratón inalámbrico (con láser y todo, oiga), y mis altavoces 7.1 y me encuentro un reportaje sobre la Web 2.0 le diese al play del casete para cargarme un juego... el Manic Miner, por ejemplo.

La televisión lo que necesita es una revolución en el contenido. Lo que no puede ser es que sea tan cíclica... tan previsible... tan.. tan... tan más de lo mismo. La televisión es como un bucle temporal, como un día de la marmota. Llega septiembre, pones la tele y... ¿qué te encuentras?... pues lo mismo que en el septiembre del año pasado: anuncios de coleccionables y depresión post-vacacional. Miles de supuestos expertos (expertos en no se qué) hablando de la depresión post-vacacional, y entre depresión y depresión anuncios de coleccionables. Ya está. Así un día tras otro. Y a babear delante del televisor.
Estoy tiene que cambiar... sí... y pronto. Aunque para no traumatizar al televidente (los cambios es lo que tienen, que traumatizan... prueben a cambiar su casa de 50 metros cuadrados y su coche con pegata de la ITV en el parabrisas por por un palacete con vistas al mar y un yate en el embarcadero privado... verán que trauma) lo mejor es ir por partes y poco a poco. Empezando por mantener los contenidos pero cambiarlos de mes. Poner, por ejemplo, los anuncios de coleccionables y los reportajes sobre la depresión post-vacacional en Semana Santa, y en septiembre películas como los Diez Mandamientos, La historia más grande jamás contada, Rey de reyes... Y luego ya cambiaremos los contenidos. Pero bueno, esperemos al año que viene, que este ya es tarde, y por lo menos este año han renovado las colecciones. La de Terry Pratchett tiene buena pinta.
Creo recordar que era José María Íñigo el que hace poco, en una entrevista en un medio impreso, decía que no entendía por qué la gente se quejaba tanto del contenido de la televisión "pero si es gratis... con ver media hora de calidad al día ya merece la pena".
Sí, vale, de acuerdo... pasear también es gratis, y no por eso nos tenemos que resignar a tener el mundo como un puto vertedero, caminar entre mierda, y alegrarnos por encontrar un arroyo de aguas cristalinas, rodeado de frescos y sabrosos perifollos, cada 23 kilómetros y medio... ¿No?.
Estoy tiene que cambiar... sí... y pronto. Aunque para no traumatizar al televidente (los cambios es lo que tienen, que traumatizan... prueben a cambiar su casa de 50 metros cuadrados y su coche con pegata de la ITV en el parabrisas por por un palacete con vistas al mar y un yate en el embarcadero privado... verán que trauma) lo mejor es ir por partes y poco a poco. Empezando por mantener los contenidos pero cambiarlos de mes. Poner, por ejemplo, los anuncios de coleccionables y los reportajes sobre la depresión post-vacacional en Semana Santa, y en septiembre películas como los Diez Mandamientos, La historia más grande jamás contada, Rey de reyes... Y luego ya cambiaremos los contenidos. Pero bueno, esperemos al año que viene, que este ya es tarde, y por lo menos este año han renovado las colecciones. La de Terry Pratchett tiene buena pinta.
Creo recordar que era José María Íñigo el que hace poco, en una entrevista en un medio impreso, decía que no entendía por qué la gente se quejaba tanto del contenido de la televisión "pero si es gratis... con ver media hora de calidad al día ya merece la pena".
Sí, vale, de acuerdo... pasear también es gratis, y no por eso nos tenemos que resignar a tener el mundo como un puto vertedero, caminar entre mierda, y alegrarnos por encontrar un arroyo de aguas cristalinas, rodeado de frescos y sabrosos perifollos, cada 23 kilómetros y medio... ¿No?.
Yo lo tengo claro: este sábado, como analgésico para la depresión post-vacacioneal, me meto entre pecho y espalda una ensalada de perifollos. Si es que las vacas han dejado alguno, claro.
Gracias por seguir ahí, y perdonen las legañas.
Gracias por seguir ahí, y perdonen las legañas.
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