Pensaba que mi regreso al trabajo después de 18 días de vacaciones desconectado de la rutina laboral iba a ser duro, pero me equivocaba por completo. Ha sido deprimente. Muy deprimente.
Pero no hablemos de mí.
Mucha gente me pregunta porque me gusta tanto hablar de mí. "Soy la persona que mejor conozco", les digo, "además, si hablase de ti probablemente este sería el fin de una bonita amistad".
Pero tampoco hablemos de mis borderías.
Hablemos de mis tomateras, que en paz descansen.
Encontrar a mi regreso al hogar mis tomateras muertas, después de tantos meses de cuidados, después de tantos sacrificios, después de tantos atardeceres compartidos, con una copa de vino en la mano yo, y una de agua ellas, no ha sido la mejor manera de terminar las vacaciones y empezar de nuevo con esta deprimente rutina laboral.
Esperad, un momento, que tengo una foto de mis tomateras recien nacidas.
¿Verdad que eran encantadoras?. Ahí, creciendo, tan verdecitas, tan sanotas, tan... tan... tan tomateras. La de la izquierda, la que se parece tanto a mi, de mayor quería ser ketchup.
Ahora ya no crecen. Ya no me regalan verdor. Ya no se las ve tan sanotas. Y ya no tienen futuro.
Realmente no sé que las ha pasado. No están secas. Están tumbadas sobre la tierra. Como si hubiesen tirado la toalla. Como esos soldados heridos en una pierna que les dicen a sus compañeros de pelotón "Soy una puta carga para vosotros. Estoy poniendo en peligro la misión. Dejadme aquí. Dadme un arma y una cantimplora e iros sin mí". Que digo yo que luego, fuera de cámara, seguro que más de uno les habrá gritado a sus compañeros "la madre que os parió, hijos de puta, que no hablaba en serio" mientras veía impotente como se adentraban en el bosque.
¿De qué estaba hablando?... Ah, ya recuerdo, de mis tomateras.
Parecen ahogadas. Tal vez sus raices se han podrido por un exceso de agua. No lo sé. Soy un urbanita. No tengo ni puta idea de cómo se crían unas tomateras. Yo siempre he comprado los tomates en el super. La mayoría de las veces metidos en un bote, ya pelados y triturados.
Pelados y triturados... Ahora eso me parece tan cruel.
Necesito a mi asesora en tomateras, que además de ser una experta en el noble arte de cultivar la tierra, es encantadora. Pero en este maldito momento está de vacaciones y...
Lo siento, no puedo continuar. Ver la foto me ha dejado muy tocado. Me estoy derrumbando por momentos. Dejadme un arma y una cantimplora y seguid sin mí.
...
¿Oye?
...
¿¡Eh!?
...
La madre que os parió... que no hablaba en serio... coño.
jueves, 2 de agosto de 2007
Apocalypse Tomato
martes, 31 de julio de 2007
Sobreviviendo al C.B.
Pensé que desapareciendo del panorama una temporada el Club Bilderberg se olvidaría de mí y no intentaría hacer efectivas sus amenazas de acabar con mi vida.
Pero me equivoqué.
En esta temporada vacacional han intentado acabar conmigo haciendo uso de sus más viles malas artes. Primero lo intentaron saboteando mis sandalias, chanclas, cholas y demás calzado veraniego. Pero lo que los mercenarios del C.B. no parecían saber es que hacen falta más que unas simples rozaduras para hacer mella en un par de pies del 45.
Del número 45, no del año.
Así que decidieron probar salando una de chopitos hasta extremos inaceptables por cuerpo humano alguno, y envenenando la bebida con la que se pretendía acompañar dicha ración de tan suculento manjar.
Nuevo error de cálculo por parte de los listillos del C.B.: envenenaron el agua sin tener en cuenta que yo el agua ni probarla, que los peces fornican en ella, y se olvidaron de envenenar la cerveza, el tinto de verano, y la sangría.
Ante este nuevo y ya desesperante fracaso (desesperante para ellos, por supuesto) el C.B. mando a uno de sus agentes alados para atentar contra mi vida, y todo ello con nocturnidad y alevosía. Pero más sabe el náufrago por precavido que por náufrago, y el ataque de este malvado agente kamikaze me pilló con un ojo abierto y el otro también por lo que su caida en picado termino contra el colchón en lugar de contra este cuerpo serrano que les escribe.
Al agente del C.B. le tuvieron que recoger del suelo, y a mi del techo. Que uno está entrenado para sobrevivir a los villanos, pero no para esa clase de sustos.
Nos ha jodido.
Ahora este maléfico, y sobre todo feo, agente del C.B. pasa sus horas entre rejas a la espera de que solvente un pequeño problemilla técnico para realizar un duro e inapelable interrogatorio.
Por cierto, ¿no habrá, por casualidad, algún interprete de ultrasonidos entre los lectores?
lunes, 30 de julio de 2007
Como cerveza de mayo
Podría decir que he vuelto porque necesitaba escribir, plasmar mis sentimientos en mi blog, contar lo que me come por dentro y me devora por fuera.
Pero mentiría cual concejal.
Podría decir que he vuelto porque les echaba de menos, porque de alguna manera ustedes, mis lectores, forman ya parte de mi vida, de mis alegrías, de mis desdichas.
Pero mentiría cual sindicalista.
Podría decir que he vuelto porque lo necesitaba. Porque esto de escribir en un blog se ha convertido en una especie de salvavidas que me ayuda a mantenerme a flote en este naufragio que es la vida.
Pero mentiría cual puto cylon de apariencia humana.
En realidad he vuelto por dinero.
Ayer, mientras descansaba placidamente tumbado en una tumbona (valga la redundancia) a orillas del Mar Mediterráneo recibí una llamada de mi asesor financiero. Me dijo que las visitas en mi blog habían bajado hasta niveles alarmantes.
- ¿Y?
- Pues que el nivel de ingresos por publicidad de su blog es diréctamente proporcional al nivel de visitas que reciba.
- Entiendo. ¿Para cuantos días más tocándome los huevos me queda?
- Según mis cálculos para 4 días más, menos de 24 horas si realiza una de esas visitas periódicas que hace al chiringuito de la playa para tomar uno, dos, o los que se tercien de esos magníficos botellines de cerveza Mahou 5 estrellas que, como buen bebedor que es usted, joven, independiente, y amante de los grandes placeres de la vida, gusta de tomar bien fríos.
- Bien. Lo tendré en cuenta. Manténgame informado.
Cuarenta minutos más tarde volvía a recibir una nueva llamada de mi asesor financiero.
- ¿Dónde está usted, señor Añejo?
Pero mentiría cual concejal.
Podría decir que he vuelto porque les echaba de menos, porque de alguna manera ustedes, mis lectores, forman ya parte de mi vida, de mis alegrías, de mis desdichas.
Pero mentiría cual sindicalista.
Podría decir que he vuelto porque lo necesitaba. Porque esto de escribir en un blog se ha convertido en una especie de salvavidas que me ayuda a mantenerme a flote en este naufragio que es la vida.
Pero mentiría cual puto cylon de apariencia humana.
En realidad he vuelto por dinero.
Ayer, mientras descansaba placidamente tumbado en una tumbona (valga la redundancia) a orillas del Mar Mediterráneo recibí una llamada de mi asesor financiero. Me dijo que las visitas en mi blog habían bajado hasta niveles alarmantes.
- ¿Y?
- Pues que el nivel de ingresos por publicidad de su blog es diréctamente proporcional al nivel de visitas que reciba.
- Entiendo. ¿Para cuantos días más tocándome los huevos me queda?
- Según mis cálculos para 4 días más, menos de 24 horas si realiza una de esas visitas periódicas que hace al chiringuito de la playa para tomar uno, dos, o los que se tercien de esos magníficos botellines de cerveza Mahou 5 estrellas que, como buen bebedor que es usted, joven, independiente, y amante de los grandes placeres de la vida, gusta de tomar bien fríos.
- Bien. Lo tendré en cuenta. Manténgame informado.
Cuarenta minutos más tarde volvía a recibir una nueva llamada de mi asesor financiero.
- ¿Dónde está usted, señor Añejo?
- En el chiringuito, ¿por qué?
- ¿Y cuantos de esos maravillosos botellines de Mahou 5 estrellas, la cerveza de los cerveceros, el maná del siglo XXI, el manjar de los dioses lleva usted?.
- Pues he acabado con dos cajas de botellines, empecé con la de barril, y ahora mismo me están cambiando el segundo barril. ¿Por qué?
- No, por nada, que había hecho mal los cálculos. Haga las maletas y vénga para Madrid que le quedan cero patatero euros en su cuenta.
- ¡Mierda!. Apuro esta mí última Mahou 5 estrellas fresquita, con ese sabor que sólo la buena cerveza, como es Mahou 5 estrellas, es capaz de dejarte en el paladar y me voy para el foro. Vaya metiendo en la nevera una docena de Mahous 5 estrellas, la cerveza que saca de ti lo mejor que tienes, para saciar mi sed cuando llegue.
Y aquí estoy, intentando recuperar mis lectores perdidos para poder aumentar así mis tan maltrechos ingresos.
Por cierto, a los por más que buscan publicidad en mi blog no encuentran ningún tipo de anuncio decirles que están buscando en vano. La publicidad en mi blog es subliminal, y está puesta muy sutilmente. No la ven, pero les llega.
Nada más, les dejo, que tengo que mirar si cierta empresa cervecera de Madrid, cuyo nombre no estoy autorizado a dar, me ha hecho un ingreso que estaba esperando como cerveza de mayo.
Me alegro mucho de estar de nuevo aquí, aunque es muy posible que sea como consecuencia del pedo que llevo, y no por razones sentimentaloides.
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