domingo, 10 de diciembre de 2006

El séptimo día

Domingo. Los domingos son un castigo de Dios. Por nuestros pecados, y eso teniendo en cuenta que cuando Dios creó el domingo, al que inicialmente en un alarde de imaginación llamó el séptimo día, todavía no habíamos pecado. Pero eso es lo de menos. El hombre estaba predestinado a pecar, al igual que Dios estaba predestinado a no acertar nunca quince en la quiniela. Tal vez por eso los domingos son tan jodidos, por nuestros pecados y porque Dios decidió pagar con nosotros su falta de acierto con las quinielas.


Me pregunto que haría Dios si en algún momento de su eternidad acertase una de quince. ¿Mandaría este mundo a tomar por culo y se compraría otro?. ¿Se gastaría todo el premio en cuponazos?. ¿Le compraría a Justo todo el material necesario para terminar su catedral de cartón piedra y contrataría a todos los inmigrantes que actualmente están trabajando en las obras de la M-30 para que le ayudasen a Justo a hacer realidad su locura?. No lo sé, pero si optase por la última opción la terminaban en dos días.


El domingo, el día del descanso, es agotador. Y cuando parece que has sobrevivido al domingo llega y empieza el lunes. Me pregunto por qué Dios puso juntos al domingo y al lunes. Es inhumano. Como no podía ser de otra manera viniendo de un Dios.


Pero eso es otra historia que merece ser contada otro día, tal vez mañana, que es lunes.



Hoy es domingo y yo soy un náufrago en una palangana.


Justo Domínguez tras ser preguntado por Montse sobre la
polémica creada en relación con el dominio de este blog.
"¿Es el más largo del mundo, Don Justo?"





1 mensajes en la botella:

Anónimo dijo...

Seguro que Justo opina lo mismo que yo.
Si algún día hago una quiniela, con lo que me toque le compraré un desvío a Justo, por su apoyo. Un desvío para que su obra no estorbe en la calle.

Saludos, señor náufrago.
Es genial tener una palangana con conezión a internet.